Durante los últimos años hemos visto como el criticar al los gobernantes y a los políticos
Durante los últimos años hemos visto como el criticar al los gobernantes y a los políticos se ha convertido en el nuevo deporte nacional, y quizá muchas veces con justa razón. Pero ¿qué hay de mostros como ciudadanos? ¿Qué hacemos en nuestra labor diaria por mejorar a México? En mejoramiento como nación no depende de los gobernantes o de la clase política, el problema está en nosotros como materia prima de un país, pertenecemos a un país en donde hacerse rico de la noche a la mañana es más valorado que formar una familia a largo plazo basada en valores y respeto a los demás, donde la gente triunfa si consigue “volarse” la señal de telecable del vecino, o colgar un diablito para la casa o negocio, negocio que muchas veces está invadiendo la vía pública ya con instalación eléctrica y drenaje. Un país en donde inventamos mil y un pretextos para no pagar impuestos o pagar lo menos posible, un país en donde las empresas no generan ningún capital humano, un país en donde no hay ningún respeto por la ecología y tiramos la basura en la calle o la dejamos ahí hasta que los recolectores pasen, y luego criticamos al gobierno por no limpiar y por no dar mantenimiento a las alcantarillas. Un país donde no inculcamos el interés por la lectura, la educación, ni las artes. En donde no hay conciencia y memoria por la política. Porque solamente les interesa Rafa Márquez y la selección mexicana, las telenovelas y bailando por cualquier sueño o tarugada. Pero que disfruta criticando a sus gobernantes y políticos, porque pensamos que entre más le diga yo ladrón a Salinas, o hablador a Fox mejor soy como mexicano, a pesar de que ayer compre artículos piratas, me metí en sentido contrario o ocupe el lugar para discapacitados del estacionamiento. Porque es muy sabroso ser mexicano, vivir a la mexicana; pero cuando esa mexicanidad autóctona es alentada es francamente muy riesgoso, cuando nos hacen creer que ser un buen mexicano es frenar las oportunidades de desarrollo, a costa de defender una supuesta soberanía, pobres y fregados pero muy soberanos; y estos mismos que dan la vida por la soberanía nacional, trajeron miles de maestros, doctores y enfermeras de Cuba para trabajar en México, mientras que los jóvenes egresados de la normal, las facultades y las escuelas de enfermería, tienen que dedicarse a vender libros puerta por puerta. Pero “viva la soberanía”. Esos mismos que se escandalizan si ven a algún político o gobernante en Misa expresando su derecho a la libertad de culto, pero gastan miles de pesos del erario público en homenajes a Fidel Castro o el Che Guevara. Que se escandalizan si Fox fue la basílica de Guadalupe, y quisieran ver de nuevo a los políticos católicos escondidos en las catacumbas de la antigua Roma. Esos mismo que cerraron cientos de miles de escuelas todo lo largo y ancho del país solo por que pertenecían a la iglesia, a principios y mediados del siglo pasado, privando así de la única oportunidad de preparación a varias generaciones. Aquí hace falta otra cosa, algo más inteligente que paros, cacerolazos y machetes. Y mucho más que palabrerías fatuas y huecas envalentonadas al estilo Pedro Infante como “exigirle” a Calderón que “se faje los pantalones”, hace falta simple y sencillamente memoria histórica y nuestra mejor arma… el voto…
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